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Sumisión a la obediencia

¿Somos obedientes o rebeldes? ¿Actuamos según las directrices del entorno para ganarnos la aprobación, el reconocimiento y las recompensas? ¿O ponemos todas las energías en repelerlas cuestionando pautas establecidas cuando son injustificadas?

Hasta el mayor de los rebeldes, sobre todo sin una buena causa, es víctima del sometimiento cuando le otorgan un rol superior frente a otro dentro de una estructura de autoridad definida (véase como ejemplo el organigrama de cualquier empresa). La influencia del poder y del prestigio extiende sus garras contaminando al que se cree bueno y lucha para demostrarlo.

La Segunda Guerra Mundial propició experimentos de Psicología Social como el de Stanley Milgram que cuestionaron aspectos filosóficos sobre la Naturaleza Humana. Milgran quería hallar respuestas a los horrores del holocausto: ¿Hasta qué punto somos capaces de inflingir dolor a otra persona a la que no conocemos porque alguien nos lo ordena? ¿Qué circunstancias explican que unas personas sean más sumisas que otras a la autoridad? Milgram diseñó una situación ficticia donde voluntarios anónimos se sometían a un supuesto estudio de memoria y aprendizaje, que, en realidad, medía el sometimiento a la obediencia ante figuras de autoridad.




En la primera tanda del estudio un 65% de las personas apretó el botón de máxima descarga eléctrica y, más adelante, el % aumentó cuando el experimento se desarrolló en una casa convencional eliminando el marco de la Universidad como variable de rigor de la estructura académica. La conducta humana parece estar más influenciada por los roles asignados que por los índices personales de obediencia o rebeldía.

Stanley Milgram concluyó en 'The Perils of Obedience (Los peligros de la obediencia. 1974)' lo siguiente: 'Los aspectos legales y filosóficos de la obediencia son de enorme importancia, pero dicen muy poco sobre cómo la mayoría de la gente se comporta en situaciones concretas. Monté un simple experimento en la Universidad de Yale para probar cuánto dolor infligiría un ciudadano corriente a otra persona simplemente porque se lo pedían para un experimento científico. La férrea autoridad se impuso a los fuertes imperativos morales de los sujetos (participantes) de lastimar a otros y, con los gritos de las víctimas sonando en los oídos de los sujetos (participantes), la autoridad subyugaba con mayor frecuencia. La extrema buena voluntad de los adultos de aceptar casi cualquier requerimiento ordenado por la autoridad constituye el principal descubrimiento del estudio.'




Esta película de Michael Almereyda del 2015 es un guiño de autoconciencia que invita al espectador a reflexionar junto al magnético Peter Sarsgaard como narrador de la vida y obra de Milgram. 'Experimenter' reivindica la figura del psicólogo sin esconder las críticas, reproches éticos y matices científicos que siguieron a su experimento.

El 'indie movie' recoge las comprobaciones científicas del concepto de la 'banalidad del mal' y explica las razones por las que tantos ciudadanos alemanes obedecieron órdenes adaptándose a situaciones de presión con independencia de sus inherentes cualidades. Desde este prisma experimental, en la actualidad podríamos explicar de manera razonada el porqué de conductas vigentes en el siglo XXI como 'la guerra fría' de nuestro tiempo: Corrupción y terrorismo.

En el mismo año de la película, el escritor Michel Houellebecq dispara sus municiones contra lo que considera el silencio de los hombres contra las clases dirigentes y la pérdida de libertades en el libro 'Sumisión'.

El condicionante socioeconómico del sistema establecido tiene mucho peso porque está respaldado por toda una estructura con el beneplácito del 'visto bueno'. En los tiempos que corren es imprescindible y absolutamente necesario indagar más que nunca en el autoconocimiento personal para liberarnos del sometimiento ante situaciones similares al experimento Milgram que suceden en muchas empresas.

Tanto el rebelde, con una buena causa a la que agarrarse y defender, como el obediente, necesitado de la reafirmación de la mirada del otro, han de recuperar su autoestima para dejar de ser marionetas y protegerse del riesgo de sumisión diciendo 'no' cuando la situación lo requiere y desarrollando el 'pensamiento crítico' en circunstancias que contradicen principios y valores con propósitos que tiranizan despiadadamente la libertad y el derecho al bienestar de las personas.

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