¿Me amas? Te amo

En el nombre del amor, tanto si preguntamos como afirmamos, no tenemos ni idea qué estamos diciendo. Quien lo interroga parece inseguro y comprometido quien lo declara, sin embargo hay demasiados matices en los sentimientos como para suponerlos. Si queremos entender al amor, seamos claros y precisos con las palabras.

Cuando preguntas si te amo ¿Qué quieres decir exactamente? ¿Y tú, qué sientes? ¿Qué esperas que diga? Cuando digo que te amo ¿Qué estoy diciendo en realidad? ¿Cómo lo siento? ¿Qué es el amor para cada uno de nosotros? ¿Cómo queremos vivirlo y compartirlo? Hacernos preguntas con ejemplos concretos tal vez aclare algo al respecto.

El amor tiene distintos significados para cada uno de nosotros porque tenemos diferencias de madurez, de experiencias vividas en el pasado y de ideas del proyecto amoroso que queremos construir en el presente y futuro. Por más que intentemos definir al amor, conceptualizarlo e investigarlo, nos encontramos en pañales ante una palabra agotada por el uso, pendiente de actualizar por académicos de la lengua y de objetivar por neurocientíficos. Hablar del amor es como querer apartar las nubes y que salga el sol en un día de lluvia cuando hay quien prefiere salir a empaparse.

¿Nos iría mejor si dejáramos de usar la palabra amor? Si no existiera, no tendríamos más remedio que explicarnos un poco mejor e indagar en profundidad en nosotros y en nuestras emociones para comunicarnos con algo más que con un bien o un mal acerca de lo que sentimos y queremos.

No hablemos más del amor, no vamos a entenderlo. Cerremos los ojos para verlo como es y no con la mirada que lo inventa. El amor no necesita de palabras cuando se siente en silencio y se expresa con un gesto. No hablemos más del amor y dejemos que sea el amor el que hable de nosotros.


El cerebro agradecido


Don't worry, be happy” es una evasión. Preocuparse es saludable
si nos ocupamos de lo que preocupa.

El cerebro agradecido disfruta de calidad de vida, duerme bien, tiene claridad mental, es feliz y está de buen humor.

¿Quién quiere un cerebro así?

Algunos cerebros están equipados de serie para ser agradecidos sin importarles vivir con poco o sometidos a situaciones injustas. Otros no encuentran voluntad ni sentido y se rinden al exceso de azúcar o se dopan con fármacos, drogas y alcohol. Siendo realistas, por muy agradecido que sea un cerebro, se enfrenta al sesgo de la negatividad. 
 
¿Cuál es la dosis adecuada de agradecimiento?

Conocida es la trampa en la que caemos al dar más importancia a lo que no sale como nos gusta que a lo que ya está bien en nuestras vidas, sin embargo, vivir a diario en la cresta de la ola es ilusorio. Están de moda las frívolas tazas de desayuno que nos dicen tú puedes, las camisetas que nos visten con sonrisas y redes sociales que nos inundan con mensajes superficiales de paz y amor. Creamos una sociedad que niega el legítimo derecho de tener un mal día sin florituras y anula la posibilidad de indagar sobre lo que sentimos. La Neurociencia opta por dejar de endulzar al cerebro de emociones procedentes de la Psicología Positiva y la “new age” y le pide que madure.

El cerebro agradecido cuando es saludable también tiene días de bajón. Son días para detenerse a reconocer los sentimientos que pesan desde primera hora y de hacer algo con ellos, moverlos en alguna dirección. El estancamiento por orgullo, vergüenza, culpa, miedo y duda es una espiral descendente que con el tiempo se vuelve destructiva.

En ocasiones, más vale un cerebro desagradecido que lanza una patada a tiempo a algo o alguien por no ser merecedor, que uno agradecido y sacrificado en devolver favores por obligación. El cerebro es inteligente y necesita de argumentos que demuestren cuándo y con quién ser agradecido, entonces confía en aquel que lo transporta sobre los hombros.

El cerebro prefiere tomar alguna decisión
que esforzarse en encontrar la perfecta

La Neurociencia demuestra que lo importante es tomar una decisión que creamos adecuada en el momento aunque no sea la más acertada. Al cerebro le gusta que nos preocupemos en proporcionarle intenciones y objetivos para reducir la ansiedad, calmar el sistema límbico, incrementar la actividad del cortex prefrontal, disminuir la actividad de la amígdala y anular la orden de enviar un veneno al organismo llamado cortisol.

El neurocientífico e investigador de UCLA, Alex Korb, autor del libro The Upward Spiral, nos propone dos maneras de lograr una espiral ascendente que nos proporcione un estado de paz y serenidad aún en los días de baja forma.

  1. Hacernos preguntas del tipo ¿Qué podemos agradecer a la vida que tenemos? ¿En qué nos sentimos agradecidos? El acto de enfocar la atención en lo que podemos agradecer produce dopamina y serotonina. Si no hay respuesta inmediata, no importa, el simple hecho de buscarla funciona.
  2. Hacer una lista en la que anotar lo que nos hace conectar con el agradecimiento, qué cosas, situaciones, personas, cualidades propias y ajenas, tangibles e intangibles.

10 NeuroTips
para cerebros con voluntad de ser agradecidos

1. Alimentación, ejercicio y respiración consciente

La alimentación es la base de nuestra bioquímica. Conviene regular los niveles de serotonina, noradrenalina y norepinefrina con nutrientes ricos en Vitamina C, B6, B9, B12, ácidos grasos Omega-3, triptófanos y fenilalanina. El ejercicio libera endorfinas y dopamina que mejoran el estado de ánimo y la respiración, libre del automático y concentrada en el proceso de inhalar y exhalar, es un ansiolítico natural que reorganiza los circuitos neuronales.

2. Gestionar las emociones

Lo primero es observar sin juicios la emoción que sentimos, la que sea, lo que nos molesta también, sin fingir o esconderlo. Una emoción negativa y una preocupación son sanas cuando les ponemos nombre en primera persona y le damos su espacio.

3. Modificar el lenguaje

Los avances en PNL (Programación NeuroLigüística) han demostrado científicamente que al cambiar el modo de expresarnos, la manera de pensar y de sentir cambian. Urge sustituir palabras de queja y protesta por un lenguaje constructivo y resolutivo.

4. Tomar decisiones

Recordemos que no tiene por qué ser una decisión excelente, la primera que se nos ocurra como buena opción sirve para dejar al cerebro relajado y hacerle ver que hemos tomado el control de la situación.

5. Contacto físico

Aunque la soledad es necesaria y beneficiosa en muchos momentos, si nos lleva al aislamiento es peligrosa. Necesitamos el contacto con la Naturaleza y con los demás. El tacto real y no de pantalla libera oxitocina, tocar la piel, la mano de alguien, una planta, acariciar a un animal, un masaje, abrazarnos prolongadamente con alguien querido.

6. Elogiar con sinceridad

Expresar admiración y gratitud sinceras a las personas que nos importan retroalimenta positivamente las relaciones.

7. Despertar los sentidos

Mirar por la ventana, salir a la calle, pasear por un parque, un bosque, admirar los pequeños detalles de la ciudad o del campo, un gesto que llama la atención, una mirada, una sonrisa.

8. Escribir una carta de agradecimiento

a alguien de nuestro pasado que nos haya influido positivamente en nuestra vida.

9. Reservar un minuto antes de levantarnos y de acostarnos

Al despertar pensar dónde y con quién nos gustaría centrar la gratitud ese día. Imaginarnos que estamos siendo agradecidos, sentir esa sensación, respirarla profundamente y dejar que penetre en nuestro interior.

Por la noche recordar algo que nos haya gustado de nosotros mismos durante el día y de las situaciones particulares donde nos hemos sentido agradecidos.

10. Compartir el entrenamiento 

con otras personas para ayudar al desarrollo de cerebros agradecidos.