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Hola! Soy Marta Pato y quiero compartir contigo mi propósito de expandir la consciencia y facilitar el auténti...

Hablo de lo trans



A los que;
aman y son amados incondicionalmente,
se atreven a ser ellos mismos,
se transforman.


Impacta que el 41% de las personas transgénero acaben suicidándose. Lo trans es depravado en algunos países y, en otros, que presumen de modernidad, discriminado en lo práctico. La industria audiovisual acude a las estadísticas y nos sirve reflexiones en pantalla. En series como Orange is the New Black, Transparent y Sense 8 y en la película The Danish Girl con 4 nominaciones a los Oscar.

La sociedad necesita abrirse a las necesidades individuales y aprobar formas nuevas. La solución no siempre pasa por el quirófano. En el caso de los intersexuales, personas que nacen con los dos sexos, se cuestiona la cirujía temprana como proceso normalizante. Una sociedad que sostiene la incertidumbre de un sexo mixto, hasta que la persona se desarrolla para decidir, señala evolución. 

La película La Chica Danesa cuenta la historia de Einar Wegener y de su alter-ego, Lili Elbe. Einar también pensó en el suicidio aunque el deseo de Lili por nacer a una identidad más auténtica era más fuerte. Einar vivió 49 años, 14 meses como Lili. “Tal vez no sea mucho tiempo pero me han parecido una vida entera y feliz” - escribió en una carta a su hermana-. 

Einar no sólo venció la idea de suicidio, sino que, transformó al hombre que era en la mujer que habitaba dentro. La ayuda y el apoyo de su esposa Gerba Wegener y del cirujano Magnus Hirschfeld fueron fundamentales. Gerba estaba dispuesta a quedarse sin marido para que él fuera libre y feliz siendo Lili. Magnus arriesgó códigos ético-sociales en defensa de lo más íntimo de la persona.

El director Tom Hooper presenta una película romántica y conmovedora en tonos pastel. Superficial a la hora de abordar la complejidad psicológica de los personajes. Tres héroes con tres desafíos. Einar, un cambio de identidad. Gerba, el amor incondicional y la materialización de su talento artístico y Magnus, aplicar los avances de la ciencia en contra de la sociedad.

No es mi intención añadir profundidad al tema de la transexualidad. A quien le interese el asunto puede leer Man into Woman, libro que publicó uno de los amigos de Lili basándose en sus experiencias. En realidad de lo que quiero hablar es de cuánto cuesta erradicar partes de nosotros que necesitan de transformación. De lo que quiero hablar es del caos, de la identidad y de la pareja.

El caos, señalado como esquizofrenia por la medicina y perversión por la sociedad, al que se enfrenta quien quiere descubrirse. El caos de la camisa de fuerza por limitados y mediocres puntos de vista. El caos como tránsito a la auténtica identidad.  

De la pareja que favorece el desarrollo de cada uno a ser lo que es y a materializar sus talentos. De la pareja incondicional como posibilidad. Del amor que merecemos por más autosabotajes para seguir insatisfechos. De lo que quiero hablar es de un mundo de seres libres y auténticos.

Caos, identidad y pareja para no caer en la distopía del director Yorgos Lanthimos en The Lobster (Langosta). Una película bella y surrealista, floja en guión, que presenta una sociedad que obliga a estar en pareja a costa de lo que sea. El uno sin pareja es transformado en animal o, tal vez, escape al destierro de los singles. Lugar donde se prohibe el contacto sexual con otros y la masturbación. Singles supervivientes que se entretienen bailando música electrónica aislados y que cavan su propia tumba.

Adoro esas películas con las que me despierto el día después con el efecto en mis adentros. Admiro la capacidad de amar y de ser amado con tanta libertad hasta las últimas consecuencias. Aspiro a vivirlo plenamente. Me gusten menos o más, película que veo, me aporta, me inspira y me invita a hablar de lo que más me gusta, de lo trans, de lo que transforma.  
  

Un día liso

A tres semanas del año nuevo ni rastro de la Navidad. A estas alturas no necesita fórmulas matemáticas del BlueMonday ni listas de propósitos cumplidos que justifiquen su tristeza o felicidad. Hace veinte calendarios salió de la rueda de consumo y dejó de soñar con lo innecesario. Desde entonces vive más y mejor.

Sin embargo, las noches y los días se solapan en el mismo pliegue. El pliegue encierra su alegría. Nada es perfecto. Nadie es feliz completamente. Qué difícil ser nada y nadie.

Anoche le enterró en el cementerio de los vivos. Después durmió con sus muertos. Tenían más respuestas que ofrecer y le ayudaron a recordar. Soñó con el niño que fue con cuatro calendarios. Alegre, vital, amoroso y en paz. Al despertar llegaron a su mente momentos de vida donde había sido y sentido eso mismo. Consideró cada situación. Al detalle. Minuciosamente.

Hoy la sangre fluye ligera y oxigenada por el cuerpo. No más pliegues. Amanece un día liso.