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Hola! Soy Marta Pato y quiero compartir contigo mi propósito de expandir la consciencia y facilitar el autén...

H2O



El primer domingo de la primavera no quiere despedir al invierno y me despierto con sed. Sed de harina de pizza argentina y sueño roto de familia propia. Me levanto. Me sirvo un vaso de H2O con restos de miel, limón y jengibre. Voy al baño. Mientras bebo hago el primer pis de la mañana. Soy fuente. Vuelvo a la cama. Remoloneo, como el gato que no tengo, un par de vueltas más. 

Primavera. Invierno. Otoño. Verano. Repaso hacia atrás las estaciones. No importa qué es lo que ha pasado sino cómo lo interpreto. Quiero soltar, dejar marchar lo que está acabado, morir a lo viejo. Ya no quiero vivir en el poquito a poco. Lo quiero todo. Siento que merezco amar y ser amada. Todo es posible. Todo a la vez. Una primavera nueva está por llegar. 

Invierno, entérate! Estoy preparada para ser y hacer. Lo que doy es lo que soy. Soy la transformación en expansión.


En caída libre

Su mundo estaba patas arriba, sobre todo en lo que se refiere al tema de relación de pareja. Siguió la recomendación de la última sesión de psicoterapia y repasó su biografía sentimental. Cayó en cuenta que, en el tema del amor romántico, el tiempo pasaba y la pauta se repetía una y otra vez. Distintas relaciones y los mismos patrones anclados hasta la médula. ¿Qué dificulta la disolución de lo vivido? Anotó en su cuaderno de psiconauta sentimientos y carencias que se habían dado en cada historia. Descubrió que había un común denominador en todas ellas. Señaló los patrones comunes y trazó una ruta de principio a fin como si se tratara de las estaciones del metro que recorría a diario. Ante si, tenía ahora el mapa que mostraba el trayecto repetido a lo largo de su vida amorosa. Era el mapa de lo que había estado temiendo y pidiendo al amor. Por primera vez, vio con claridad y comprendió con los ojos de su mente y de su corazón.

En la siguiente sesión psicoterapéutica abordó los aspectos inconscientes de este mecanismo automatizado. Guiada por el hilo conductor de la sensación sentida, la respiración y su psicoterapeuta cayó hacia el pasado sin buscar nada, sin descartar nada. Las paredes del cerebro tienen muchas ventanas. En cada ventana asoma una relación. Fragmentos de historias de amor en caída libre a la velocidad de la gravedad. Del ático al sótano más de cuarenta pisos y tres historias en esa sesión. En el piso treinta y tres, el último chico con el que vivió. Volvió a ver la despedida del << Adiós, me voy >>. Las palabras no dichas congelaron su corazón. Ahora mientras se dejaba caer, letras y sílabas derretían en sus labios el vacío del abandono. Expresó lo guardado con candado y un latido templado alivió su corazón.

Como brújula, la voz de su acompañante de vuelo le llevó hasta el piso veintidós donde se detuvo inmóvil ante el sueño roto del no pudo ser. ¿Cuánto nos cambia lo que no podemos cambiar? Se dio cuenta que tan solo era posible cambiarse a si misma. La realidad despierta al sueño. Lo único cierto es que estaría con ella el resto de su vida. Esta ventana, como tantas otras, sirvieron para aprender.

Y llegó a los cimientos. Se sintió flotar en el saco amniótico mientras su madre acariciaba el vientre. Descubrió el tacto del amor incondicional que le nutría en sentido ascendente; piso a piso, ventana a ventana, relación a relación. Se dejó caer por completo para darse a luz a si misma. ¿Qué nos impide recibir el amor que siempre estuvo ahí a disposición? Nutrida ya por fin y plena de alegría renovada, sintió que la vieja ruta aprendida y repetida abría espacio en su interior. Libre de distorsión estaba preparada para vivir amores nuevos y su mundo comenzó a llenarse de luz otra vez.

La Relación Psicoterapéutica

La psicoterapia es necesaria para cuestionar nuestra realidad. La verdad es simple, es una y es la misma para todos. Abre la mente. Nadie se cura solo. Sana y sánate!

¿Para qué sirve la psicoterapia?
La psicoterapia es una experiencia que transforma la visión del yo, del tú y del mundo. Extrae lo que se oculta en el tintero del inconsciente; la temida sombra negada y las naturales cualidades olvidadas. Revela la identidad esencial actuando sobre la energía, las ideas y la actitud. Se orienta hacia la reconciliación y sanación. En definitiva, sirve para ser libres, felices y estar en paz.

¿Quién no ha sentido algún tipo de obstáculo alguna vez?
Los problemas se viven en el interior con un triple efecto. Bloqueamos la energía repitiendo impulsos vitales y emocionales reactivos. Nos contradecimos entre lo que pensamos, sentimos, y hacemos. Vivimos encarcelados entre hábitos inconscientes que coartan la capacidad de elegir y decidir en libertad.

Aquello a lo que más nos resistimos
A veces la psicoterapia puede verse como una amenaza porque remueve los personajes de víctimas y verdugos llenos de miedo y culpa que proporcionan falsas seguridades. ¿Quiénes somos tras estos personajes? Es el encuentro con lo inesperado. Lo que somos al atravesar carencias y límites es amor, puro amor.

El papel del psicoterapeuta es mostrar que el ataque, la defensa o la huída son mecanismos innecesarios, que la fuerza transformadora reside en sostener aquello que nos cuesta y hace que nos sintamos vulnerables. Caminar en esta dirección es abrir un espacio renovado donde reside nuestra auténtica naturaleza, la que ya es: amor, paz y tranquilidad.

¿Quién no necesita sentirse en paz?
Hemos aprendido a tener un diálogo muy poco sincero. Nos creemos no solo las mentiras que nos cuentan sino, además, nuestras propias mentiras. Unas veces por comodidad e inercia, otras, por el deseo de alcanzar un yo mejorado que no deja de ser una invención más. La psicoterapia nos coloca ante las verdades para re-establecer la coherencia entre lo físico, mental, emocional y espiritual. Una vez que empezamos a reconocer y manifestar nuestras verdades, encontramos la paz.

La relación psicoterapéutica
El psicoterapeuta atiende desde la presencia que atestigua sin juicio, acompaña caminando ligeramente unos pasos por delante y señala las trampas del camino. El paciente tiene el valor y la paciencia de pedir ayuda para alcanzar algún bien. Ambos sienten una gran necesidad de sanar, uno dedicándose y otro pidiendo. Cada paciente que va a un psicoterapeuta le ofrece una oportunidad de sanarse a si mismo y cada psicoterapeuta aprende a sanar de cada paciente que viene a él.

El sanador ha de aprender a sanarse. ¿En qué calidad se puede presentar el psicoterapeuta ante su paciente si no transita por este espacio?. La propia transformación personal es la que acompaña de verdad a la transformación de cada uno. Ningún paciente puede aceptar más de lo que está listo para recibir. Ningún psicoterapeuta puede ofrecer más de lo que cree tener. Nadie se cura solo. Sana y sánate!

Esta relación mira las cuestiones del ser humano atravesando culturas, creencias e ideas. Cuando los laberintos de la complejidad se simplifican, aparece la verdad. Una verdad sencilla que hemos obviado porque aprendimos a ser complejos. Una verdad que envuelve cada encuentro con renovadas posibilidades de ser más y más uno mismo. Esta conexión es la antesala que da sentido y propósito a la vida.

El encuentro sanador
La psicoterapia es un encuentro más allá del espacio, del tiempo y de las palabras. Es una reunión, es decir, un volver a unir las piezas del puzzle. Es un espacio sagrado donde los obstáculos se liberan desde la sintonía del silencio. Este encuentro nos recuerda que somos conciencia en acción.

No son necesarios complicados procesos de cambio, búsquedas y análisis. La verdad es simple, es una y es la misma para todos. El encuentro abre un espacio para: escuchar, sentir la sensación sentida, dialogar con las voces de la mente, del corazón y activar la intuición.

Un acompañamiento desde el alma
La relación psicoterapéutica es una relación profesional de ayuda que se facilita en un entorno seguro y de confianza. El amigo, la pareja, el compañero, el familiar son apoyos que nos alientan y aconsejan. Un psicoterapeuta no es lo mismo porque ayuda en una dirección de mayor calado. Es decir, no solo a desarrollar cualidades y talentos que colorean la vida para recargarla de optimismo, sino a mostrar la experiencia al completo, desde el obstáculo a la conexión con la verdad.

Hemos aprendido por sistema a alejarnos de lo que sentimos, sobre todo si no es conveniente. Con la negación, evitación y represión hemos ido tapando lo que nos duele y también lo que nos libera. El psicoterapeuta acompaña a despejar el tesoro escondido y hay que barrer muy bien la cueva.

Los actuales sistemas organizados como la familia, la educación y el ámbito laboral no enseñan todavía a conectarnos con lo auténtico, ni tan siquiera llegan muchas veces a desarrollar la inteligencia emocional. Siguen siendo sistemas que controlan bajo la mirada de las buenas formas y la productividad.

Qué ciegos y temerosos vivimos! Necesitamos verdaderamente despertar! En estos tiempos los valores esencialmente humanos y el sentido profundo de la existencia parecen estar congelados en el olvido. Nuestro mundo es muy rico y extenso. Sin embargo, ¿quién está verdaderamente disponible a acompañar las vicisitudes de la mente y el corazón?, ¿quién nos puede guiar al encuentro con el alma?.

El propósito de la vida
La humanidad se encuentra encarcelada en un mundo que se descubre finalmente como vacío. Llenos de un engañoso estilo de vida superficial y material donde lo auténtico y los valores no tienen cabida. ¿Cómo trascender este sinsentido? ¿Dónde buscar el propósito? ¿Cómo encontrarlo?

La relación psicoterapéutica ayuda a este descubrimiento porque contacta con ser simplemente uno mismo. Requisito previo e indispensable para el encuentro de dicho propósito vital. La relación psicoterapéutica es una celebración del despierta y alégrate! donde el brindis se sirve en copas de amor y cada uno bebe de la propia.

Gracias a todos aquellos personas con quienes comparto tanta sanación!