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En tres días

¿Cuál es el parásito más resistente de erradicar en el organismo? El parásito se llama IDEA y está instalado en el cerebro. Producto de un experimento de mejora de la raza humana, Adan Flow era la esperanza para eliminar el sufrimiento. Las sucesivas catarsis de la humanidad dieron como resultado un individuo limpio de parásitos. Decidido a confirmar el enigma de un ángel nacido en la tierra, John Grace aportó sus conocimientos neurocientíficos al Proyecto IDEA. Llegó el 24 de Agosto de 2015 a México. En tres días ocurrieron dos fenómenos extraordinarios; uno, un Eclipse Galáctico, anunciado por la NASA que dejó en completa oscuridad al planeta y, dos, John se instaló con Adan para comprobar el test de tal esperanza.

Derretido por la oscuridad que robó los fotones al sol y el silencio de ideas en el cerebro de Adan, John vació de narraciones incansables y frustrantes a sus parásitos. ¿Quién iba a estudiar a quién? Os preguntaréis. Estaba claro. John había pasado de examinador a examinado. No le importó, más bien al contrario, porque por vez primera escuchó palabras nuevas procedentes de la mirada de Adan. Algunas de ellas decían: << Estás preparado para lo que se te presenta. Corre, vuelve a casa >>. 

Pasados los tres días, John dejó de elaborar bucles de ideas sin salida, desplegó las alas de su cerebro, lo desparasitó y regresó. Al llegar, comenzó, como Adan había hecho con él mismo, a cambiar la vida de muchos otros tan sólo con la mirada. 

ni Cupido, ni Tinder, ni Máscaras

Hace 18 años, el psicólogo Arthur Aron consiguió que dos extraños se enamoraran en su laboratorio con 36 preguntas. Bajo el hechizo de Cupido, Daniel Arrow quiso probarlo. Localizó el test en Google y recreó el escenario en Tinder. Chateando con Helen Heart, Daniel encontró al fin una idea original para la primera cita. Se encontarían en el Museo Correr de la Piazza di San Marco. Cada uno llevaría puesta una máscara veneciana y el cuestionario contestado. En silencio, se intercambiarían las respuestas. Una vez leídas, se quitarían las máscaras y se mirarían fijamente a los ojos durante 4 minutos, tal y como proponía el experimento. Así lo acordaron y así lo hicieron.

Helen llevó una máscara Colombina y Daniel una Arlequín. Tal coincidencia anunciaba la posibilidad de convertirse en amantes como los personajes de la Comedia del Arte del siglo XVI. Leyeron las respuestas respectivas y de inmediato se dieron cuenta que Cupido y Tinder habían escondido la verdad sobre ellos mismos más tiempo que una fiesta de carnaval en Venecia. Acto seguido, se quitaron las máscaras y fijaron sus miradas cronometradas el uno en el otro. Entonces, la realidad se esclareció. Helen, no tenía nada de inocente como Daniel creía, era una mujer fatal experta en conspiraciones. Daniel no era el galán ingenuo que Helen esperaba, sino un tipo astuto que no lobraba salir de su miseria. Nada como los psicólogos para los temas del amor. Daniel reclamó a Cupido y a Tinder y se citó con Arthur Aron en su laboratorio, confiando en que algún día le sucedería como a la pareja del experimento, todavía felizmente unida.