El Cerebro Compasivo

El cerebro del s.XXI tiene su origen en el cerebro reptiliano. La necesidad de adaptación a situaciones nuevas ha desarrollado la inteligencia y la evolución. Hemos avanzado de la supervivencia ante la amenaza al entendimiento recíproco entre personas y entorno. Gracias a los nuevos retos, el cerebro crea nuevas capacidades acordes a los nuevos tiempos. El cerebro actual es un sofisticado órgano más compasivo y solidario.

Una de las evolucionadas capacidades del cerebro es la compasión, entendida no como un asunto religioso, sino científico. Compasión como la facultad para acompañar con amor el dolor de los demás y el propio. Una generosidad que se extiende más allá de la propia especie, incluyendo a otras y al planeta mismo. Una serie de áreas en el mapa cerebral muestran la disposición a la compasión, derivada de la propia interacción y evolución inteligentes. 

En el pasado s.XX buscábamos incesantemente autoestima. El objetivo era vencer a la baja autoestima invalidatoria aunque infláramos el ego hacia el narcisismo. Nuestra cultura competitiva ha condicionado la autoestima a situaciones externas; un trabajo, una casa, una pareja... Si tenemos todo esto, nuestra autoestima está estable, si no, la autoestima se desmorona como un derribado castillo de naipes. En este sentido, la autoestima rebota una y otra vez en el éxito y el fracaso. Varas de medir obsoletas, en este nuevo siglo, donde las circunstancias evidencian que lo que existen son las experiencias, unas de placer y otras de dolor.

La alternativa en el s.XXI a la autoestima es la autocompasión. Esa capacidad del ser humano de amarse a si mismo sin establecer condicionantes externos porque se dota de sentido y valía simplemente por el hecho de ser humano y digno de amor. Esta alternativa une a la especie y hace posible que de la auto-compasión genere compasión hacia todos y todo lo que nos rodea en conexión y común-unión.

Hoy en día el cerebro reptiliano se sigue activando en posición de amenaza no porque venga un depredador a comernos sino porque no nos sentimos perfectos en vidas perfectas. Es ahí cuando se dispara el nivel de adrenalina y estrés. Sin embargo, el cerebro compasivo nos acerca, como muchas de las cosas intangibles, a una mayor felicidad porque se ha soltado y liberado de la necesidad de perfección. Si no queremos ser perfectos y ni tan siquiera lo pretendemos ¿en qué cambiaría esto nuestras vidas?, ¿dónde quedarían el estrés, la ansiedad, la depresión?

La Dra. Kristin Neff sugiere que las personas que son más auto-compasivas llevan vidas más saludables y satisfactorias que aquellas que son auto-críticas. Los sentimientos de seguridad y autoestima proporcionados por la auto-compasión son muy estables porque vienen de dentro y no dependen de situaciones que ocurren en el exterior. A veces nos convertimos en nuestros peores enemigos. Muchas personas creen que tienen que ser auto-críticos para motivarse a sí mismos. Este falso amigo provoca sentimientos de angustia, incompetencia y depresión. ¿Quién cree que la amabilidad hacia uno mismo va a generar pereza y auto-indulgencia?. ¿Qué nos ha pasado a lo largo de la evolución para que nos cueste tanto tener gestos de amabilidad hacia nosotros mismos? La investigación de la Dra. Neff muestra que la auto-compasión, lejos de la auto-indulgencia, ayuda a ver con claridad y hacer los cambios necesarios para alcanzar nuestro máximo potencial.

La compasión y la auto-compasión tienen relación directa con el estado de presencia, y, por tanto, con prácticas meditativas como el Mindfulness. En atención plena, el darte cuenta de tu sentir sucede sin resistencias, aceptando lo que aparece aquí y ahora. Todos podemos sentir dolor en un momento determinado de la vida. La compasión nos acerca al otro y también a su dolor. Del mismo modo que en estas situaciones difíciles tenemos un trato amable hacia los demás, vamos entrenando el trato amable también hacia nosotros mismos cuando los vientos no son favorables. En este acercamiento entre el tú y el yo sucede la no separación. De esta manera vamos desarrollando la capacidad querernos tal y como somos y de querer y aceptar a los demás tal y como son. En este siglo estamos en la cultura del ser y no del tener. El propósito es acceder a nuestra verdad más profunda y auténtica.

5 pasos para desarrollar una actitud auto-compasiva:

1. Observa qué cosas te dices a ti mismo. A menudo nos decimos cosas de forma automática. Es como cuando nos damos un golpe y nos decimos “pero qué torpe soy”. Estas frases simplemente las hemos aprendido a lo largo del tiempo y se han convertido en respuestas instintivas. Por eso, el primer paso para comenzar a ser amables con nosotros mismos, es darnos cuenta de las cosas que nos decimos.

2. Reprograma tu diálogo. Una vez que eres consciente de todas las cosas que te dices todos los días, observa el tono y el lenguaje que utilizas contigo y emplea aquel que sientas que te hace sentir mejor. Encarna el papel de tu mejor amigo para contigo mismo.

3. Siente tus emociones. Nos han educado en un modelo que obvia las emociones. Sobre todo las etiquetadas como negativas. Sin embargo, no existen emociones negativas y positivas. Las emociones son emociones y todas son naturales. Lo negativo es reprimirlas. Aprender a acoger y recibir las emociones abre una espacio a la consciencia y el bienestar. 

4. Atención a tus expectativas. Tener sueños y objetivos nos marca un camino a seguir. Sin embargo, en ocasiones se convierte en una carrera de fondo y sin fundamento. Marca expectativas y luego suéltalas para concentrar tu energía en hacer lo que va tocando en cada momento. Así el camino está vivo y te sentirás libre y feliz caminando por él.

5. Toma decisiones desde el ahora. Concéntrate en tu situación problema y pregúntate: ¿Qué me haría sentir bien ahora mismo ante esto que observo? Decide desde ahí.


Meditación en la Vida Cotidiana

En estos tiempos intensos de desbordada sobre-estimulación es inminente la necesidad de parar para tomar perspectiva. La inercia socioeconómica de producir más en un corto espacio de tiempo hace que más pronto o más tarde colapsemos.
El estrés y la ansiedad son consecuencias de estas sociedades frenéticas.  

Te invito a parar un momento mientras lees este artículo. Piensa en todo lo que tienes que hacer de aquí a un rato, en lo que hiciste antes de detenerte ahora. Piensa en todos tus asuntos; la familia, el trabajo, esa situación con aquella persona en particular. Piensa en todo ello a la vez. ¿Puedes pensar en todo a la vez?

Te darás cuenta que no es posible atender a todo a la vez. Primero llega una cosa y luego otra. La meditación es el contemplar consciente de todo este movimiento; sensaciones, recuerdos, anticipaciones, sentimientos. Meditar no es dejar la mente en blanco. Esto no es posible, la mente como un péndulo oscila de atrás a adelante, de los recuerdos del ayer a las anticipaciones del mañana. Meditar es atender a este movimiento incesante, sin intervenir. El entrenamiento en esta práctica posibilita la experiencia de atestiguar espacios vacíos y fértiles entre pensamiento y pensamiento que corresponden a áreas más intuitivas del hemisferio derecho.

Enfoca la atención en la respiración; inhalar y exhalar, de principio a fin, observa sin emitir valoraciones. Date cuenta de lo que acontece en el cuerpo físico, cuerpo mental y cuerpo emocional. Al mismo tiempo, reúne todo ello con la parte más esencial y transcendente de ti mismo, tu parte espiritual.

La imagen de la meditación no es sólo un monje rapado en el Himalaya cruzando las piernas en posición de loto, tampoco es la imagen de una vida de retiro y de silencio, ni tan siquiera la de una persona sentada en una silla esperando a que sus reflexiones le lleven a buen puerto. La imagen de la meditación está en la vida misma. Son unas neurovacaciones en plena actividad diaria. Mientras estamos en el atasco, caminando de un lado para otro, trabajando, en los encuentros con tu pareja.  

La propuesta de practicar Meditación en la Vida Cotidiana trata de traer el doio, el templo de meditación y los lugares de retiro, a la vida. Trata de vivir las ventajas de los ritmos orgánicos y naturales, como los que encontramos en la Naturaleza, en plena actividad urbana. Es activar el estado de presencia en cada acontecimiento que vivimos; mientras hacemos la compra, atendemos a nuestros hijos, charlamos con un amigo. La práctica se activa en la sala de meditación y se entrena en la vida a través de unos enfoques de atención semanales.

La Meditación en la Vida Cotidiana aporta una riqueza interior incalculable. Favorece el ser frente al hacer. Es una entrega al parar para saborear el hacer de otra manera. La visión se torna clara, la voluntad no pesa porque no está basada en el esfuerzo sino en la fluidez, la concentración aflora desde la presencia. Es el gran gozo del momento presente, del aquí y del ahora. Es una oportunidad para reencontrarnos en un inmenso océano, donde un día nos perdimos víctimas de nuestros pensamientos, creencias y patrones de comportamiento..

Meditar es autoconocerse. Es un puente hacia el descubrimiento de que el ser humano tiene una infinita capacidad para sentirse bien, feliz y en paz. Es una oportunidad para revelar a través de la experiencia la dimensión espiritual de esta aventura humana en la que vivimos.

Las investigaciones académicas sobre la meditación en Occidente llevan realizándose desde hace cuatro décadas. Ellen Langer, una de las pioneras, actualmente psicóloga en Harvard, documentó las mejoras que la meditación trae a las funciones cognitivas, incluso en adultos mayores. Con el tiempo, se descubrió que incluso en sesiones breves, esta práctica tenía un efecto positivo notable tanto en las emociones como los pensamientos de una persona y, por lo tanto, en el sistema neural donde todo esto se origina.

La meditación ofrece beneficios a la salud integral del cuerpo que han sido comprobados en múltiples ocasiones y estudios. En 2001 un grupo de investigación de la Universidad de Wisconsin descubrió en el cerebro de los meditadores la formación de un patrón de actividad en la zona frontal del cerebro que, entre otras cosas, está asociado a estados emocionales de “enfoque-orientado”, estado en el cual el individuo está inclinado a interactuar con el mundo que lo rodea y no a huir de él.

En una investigación realizada en 2012 en la Universidad de Washington ante pruebas “multitasking”, habilidad de prestar atención a decenas de acciones simultáneas, los investigadores descubrieron que meditar provoca escasas emociones negativas al final del día y mejoras significativas en la resolución de múltiples tareas. Destrezas muy valoradas en este circo de tareas cotidianas en el que vivimos.

Meditar es la habilidad de aquietar la mente, enfocar la atención en el presente y atravesar las distracciones del camino. La conciencia, en otras palabras, ayuda a nuestras redes de atención a comunicarse mejor y con menos interrupciones. Este estado meditativo bien podría ser el estado natural de nuestro cerebro. Practica meditación e incorpora el corazón de esta conciencia a tu vida cotidiana.


Bienvenida Crisis! Uno Crece

Imposible atravesar la vida sin que una amistad cause decepción, sin padecer algún quebranto de salud, sin que un amor nos abandone, sin que nadie de la familia fallezca, sin equivocarse en un trabajo.
Este es el costo de vivir.

Lo importante no es lo que sucede, sino cómo reaccionamos ante lo que sucede.

Si coleccionamos heridas eternamente sangrantes, viviremos como pájaros heridos incapaces de volver a volar.

Uno Crece...

Uno crece cuando no hay vacío de esperanza,
ni debilitamiento de voluntad,
ni pérdida de confianza.

Uno crece cuando acepta la realidad
y tiene aplomo de vivirla.
Cuando acepta su destino
y tiene voluntad de trabajar para cambiarlo.

Uno crece asimilando lo que deja por detrás,
construyendo lo que tiene por delante
y proyectando lo que puede ser el porvenir.

Uno crece cuando supera, valora y sabe dar frutos.
Uno crece cuando abre camino dejando huellas,
asimila experiencias ¡Y siembra raíces!

Uno crece cuando se propone metas,
sin importarle “el qué dirán”, ni los prejuicios,
cuando da ejemplos,
sin importarle burlas, ni desdenes,
cuando cumple con su labor.

Uno crece cuando se es fuerte por carácter,
sostenido por la formación
y sensible por temperamento
¡Y humano por nacimiento!

Uno crece cuando enfrenta el invierno aunque pierda las hojas,
recoge flores aunque tengan espinas
y marca camino aunque se levante el polvo.

Uno crece cuando se es capaz de afianzarse con residuos de ilusiones,
capaz de perfumarse con residuos de flores,
¡Y de encenderse con residuos de amor!

Uno crece ayudando a sus semejantes,
conociéndose a sí mismo
y dándole a la vida más de lo que recibe.

Uno crece cuando se planta para no retroceder,
cuando se defiende como águila para no dejar de volar,
cuando se clava como anclay se ilumina como estrella.

Entonces...Uno Crece.

Adaptación de Relatos Universales

La palabra Crisis procede del griego, en su significado etimológico responde a “replantear la cuestión” y “poner en marcha”. La connotación de la palabra crisis no es negativa en si misma sino todo lo contrario. Una crisis es la oportunidad para involucrarnos en reconducir la realidad que nos rodea. Nuestra sociedad, inmadura emocionalmente, la aborda coloquialmente desde el temor y la incapacidad de afrontar nuevos retos. Sin embargo, por el simple hecho de ser humanos contamos con la capacidad de sobreponernos ante la adversidad sin rompernos. Las crisis son naturales en cualquier realidad organizada que es inestable, incierta y sujeta a evolución.

Una crisis es una situación que viene desencadenada por un fuerte sentimiento de pérdida y dolor emocional, que una vez superado, convierte el suceso en una gran oportunidad de crecimiento. Son periodos de la vida que fortalecen. Del caos aparece el orden. La naturaleza nos muestra esta danza homeostática constantemente. La crisis junto con el dolor son necesarios para crecer y así alcanzar el equilibrio. Cuando la inercia deja de servirnos como guía aparece una invitación a revisar determinados aspectos de la vida. El principio del cambio está en el replanteamiento de una determinada situación y el siguiente paso siguiente es comenzar a disolver las pautas de comportamiento reactivas y repetitivas.

Las crisis ofrecen una mirada en una nueva dirección. La ruta es reconocer la parte que nos toca, aceptar el movimiento impredecible de los acontecimientos de la vida y resolver asignaturas pendientes. Al elaborar las dificultades surge la renovación del guión de nuestra propia vida. Si miramos las distintas pérdidas que la vida nos plantea como un gran ensayo de la pérdida final que es la propia muerte aprendemos a mirar la vida de otra manera. Vida y Muerte están íntimamente relacionadas. Mirando la vida como un juego en el que vamos ganando y perdiendo desarrollamos la capacidad de darnos cuenta que vivir tiene un sentido más profundo. Tener presente la vida más allá de las formas, permite que adentremos mucho más en el fondo, descubriendo que vivir va más allá de los sucesos físicos, mentales y emocionales. Vivir se convierte en un asunto existencial donde la casualidad deja de tener sentido. La Alegría de vivir viene de la plena consciencia de lo que acontece en la vida.

Cuando entramos en crisis, en general la sociedad sustentada en un sistema de control, nos invita a mirar hacia otro lado con frases del tipo: “Ya pasará”, “No mires hacia atrás”, “Hombres y mujeres hay a montones”. Esta sociedad nos alienta a ignorar y a sustituir rápidamente el animal, objeto o persona perdida por otra. Así evitamos entrar en una parte más íntima y profunda, evitamos traspasar el dolor, parando, observando e integrando. Al realizar este paso de forma consciente además de preguntarnos ¿quién ha perdido qué?, también nos preguntamos ¿cuáles han sido las pérdidas y cómo nos han ido afectando? Y algo todavía más profundo, nos podemos llegar a preguntar ¿Quién soy? Cuestión que toca una dimensión transpersonal provocando un gran descubrimiento y transformación de cada individuo y, por tanto, de la sociedad.  


Ahora, detente un momento. Revisa tu biografía vital y pregúntate:

¿Cuál ha sido la pérdida más significativa de tu vida?
¿En qué sentido creciste con ello?
¿Cómo ha cambiado tu vida desde entonces?

El Inventario de lo Perdido


A mi abuelo aquel día lo ví distinto. Tenía la mirada enfocada en lo distante. Casi ausente. Pienso ahora que tal vez presentía que era el último día de su vida. Me aproximé y le dije: "¡Buenos días, abuelo!". Y él extendió su mano en silencio. Me senté junto a su sillón y después de unos instantes un tanto misteriosos, exclamó: "¡Hoy es día de inventario, hijo!".

"¿Inventario?" pregunté sorprendido. "Sí. ¡El inventario de tantas cosas perdidas! Siempre tuve deseos de hacer muchas cosas que luego nunca hice, por no tener la voluntad suficiente para sobreponerme a mi pereza. Recuerdo también aquella chica que amé en silencio por cuatro años, hasta que un día se marchó del pueblo sin yo saberlo. También estuve a punto de estudiar ingeniería, pero no me atreví. Recuerdo tantos momentos en que he hecho daño a otros por no tener el valor necesario para hablar, para decir lo que pensaba. Y otras veces en que me faltó valentía para ser leal. Y las pocas veces que le he dicho a tu abuela que la quiero, y la quiero con locura. ¡Tantas cosas no concluidas, tantos amores no declarados, tantas oportunidades perdidas!". 

Luego, su mirada se hundió aun más en el vacío y se le humedecieron sus ojos, y continuó: "Este es mi inventario de cosas perdidas, la revisión de mi vida. A mi ya no me sirve. A ti sí. Te lo dejo como regalo para que puedas hacer tu inventario a tiempo". Luego, con cierta alegría en el rostro, continuó: "¿Sabes qué he descubierto en estos días? ¿Sabes qué es lo más grave en la vida de un hombre?". La pregunta me sorprendió y solo atiné a decir, con inseguridad: "No lo había pensado. Supongo que matar a otros seres humanos, odiar al prójimo y desearle el mal...". Me miró con afecto y me dijo: "Pienso que lo más grave en la vida de un ser humano es la omisión. Y lo más doloroso es descubrir las cosas perdidas sin tener tiempo para encontrarlas y recuperarlas."

Al día siguiente, regresé temprano a casa, después del entierro del abuelo, para hacer con calma mi propio "inventario" de las cosas perdidas, de las cosas no dichas, del afecto no manifestado.

Cuentos y Relatos Universales