¿Qué quieres? ¿Qué quiero?


foto: www.tobecloser.com
Cuando nos embarcamos en una relación sentimental nos preguntamos ¿qué queremos?

Conocer a alguien requiere de un tiempo y un espacio. Implica una disposición abierta para encontrarnos con nosotros y con el otro completamente, es decir, con las luces y las sombras. Solemos sentir rechazo y temor al hablar de sombras ya que creemos que están formadas solo por aspectos negativos de la personalidad. Sin embargo, este lado oscuro incluye todo lo negado de lo que no somos conscientes. No solo se trata de lo negativo sino también de lo positivo que hemos ocultado. Por ejemplo, una habilidad artística que está pendiente de manifestarse, es sombra positiva y el miedo al conflicto que por la experiencia hemos aprendido a evitar para no sentir dolor, es  sombra negativa.  En lugar de reconocer las cualidades positivas y negativas que nos negamos dentro de nosotros, las proyectamos en el otro. Sea lo que sea que admiramos y juzgamos fuera es una parte de nosotros mismos que no aceptamos o rechazamos. Y, aquello a lo que nos resistimos, persiste. 

¿Estamos dispuestos a estar presentes cuando surgen las sombras en una relación?

La pareja nos enfrenta al desafío de sanar y trascender las heridas emocionales no resueltas del pasado. Este vínculo es un reflejo elevado a la máxima potencia para descubrirnos más y mejor a nosotros mismos. ¿Qué admiro de ti?, ¿qué es lo que me molesta de ti?, ¿qué tiene que ver eso conmigo?, ¿qué es lo que me cuesta aprender de todo esto?.  El futuro de una relación está determinado por la gestión de las sombras emocionales que aparecen.  Como diría Jung, la sombra es la persona que preferimos no ser. Resulta imprescindible querer encontrarnos con esa persona oculta para desarrollar el auténtico potencial innato y establecer un vínculo de relación de pareja desde el crecimiento compartido. Uno de los propósitos de la pareja es la expansión de nuestra conciencia y del corazón.

¿Estamos dispuestos a plantear qué está pasando? ¿Estamos dispuestos a abrirnos a ver las partes que nos hemos negado de nosotros mismos?

Mujeres y hombres procesamos de un modo diferente. En contra de lo que creíamos, la ciencia nos sugiere que el cerebro tiene sexo. La parte masculina, cargada de testosterona, es más pragmática y directa. La parte femenina, repleta de estrógenos, es más sentida y comunicadora. La neuropsiquiatra Louann Brizendine indica que el cerebro femenino desarrolla más conexiones en los centros de comunicación y en las áreas que procesan la emoción. A pesar de estas reflexiones científicas, parece que hombres y mujeres tenemos similares dificultades para poner luz en la sombras emocionales, en definitiva para llevar al consciente lo inconsciente. Modelos aprendidos desde la infancia nos empujan a ocultar aquellas emociones reprimidas para conseguir la aprobación y el reconocimiento de los padres, figuras que más adelante se sustituyen por la pareja.  Tal vez sea interesante explorar en las semejanzas de estos corazones condicionados por un programa heredado y aprendido. 

Los viejos modelos del mundo se están disolviendo y entre ellos también el modelo de relación sentimental.

Más allá de las diferencias sexuales cerebrales, hombres y mujeres pueden preparar juntos un nuevo modelo de relación como compañeros semejantes que viajan creciendo al revelar las sombras que ocultan su auténtica identidad. Es un modelo abierto al descubrimiento de nosotros mismos junto al otro, al descubrimiento de quiénes somos realmente y qué queremos.  Si no estamos dispuestos a conocer y aceptar al otro plenamente con sus luces y sus sombras, no haremos el viaje al completo y estaremos negándonos a nosotros mismos. Que el cerebro y el corazón vivan un nuevo modelo de amor donde la base se sustenta en la disposición de hacer consciente las partes reprimidas de uno mismo. Abramos el corazón! Esto ya no es cuestión de sexos ni de temor a las sombras.  Es cuestión de comprometernos a ser más nosotros mismos.

Es tiempo de construir desde el qué queremos en realidad para facilitar el camino del crecimiento y del compartir.

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